Todos pasamos por problemas en la vida, ya sea económicos, laborales, físicos o espirituales.
Sin embargo, cuando los problemas lleguen, como sucederá, no debemos demorarnos en llevarselos a Dios.
Josafat, el rey de Judá, enfrentó un desafío enorme cuando tres naciones amenazaron con atacarlo al mismo tiempo.
El rey buscó de inmediato la ayuda del Señor.
Observe que la mayor parte de su oración se centró en la grandeza de Dios, reconociendo su poder sin límites, la autoridad sobre todas las naciones, los actos de fidelidad en el pasado a favor de Israel, y su disposición de escuchar las oraciones de su pueblo cuando claman a Él.
Estas mismas verdades deberían ser el fundamento de nuestras oraciones.
Él sigue siendo el Dios soberano y poderoso que ha demostrado ser fiel, y promete escuchar nuestras oraciones.
Nunca debemos subestimar el interés del Señor en nuestros asuntos. Él ayudará a sus hijos hoy, como ayudó a Josafat.
Es fácil pensar que nuestros problemas no son importantes para Dios, pero Él no lo considera así en absoluto.
Todo lo que nos concierne a nosotros, le atañe a nuestro Padre Celestial.
Así que, cuando nosotros, como Josafat, confiamos plenamente en el Señor, Él nos ayudará.
No importa cuán grandes sean nuestros desafíos, Dios es más grande.
(Si deseas ver este relato biblico ve a 2 Cronicas 20:1-12)
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